CONSEJOS Y CUIDADOS, Gastroterapia

“Cómo se vive con las Intolerancias Alimenticias…”

 

Lo “sin” hace años que está de moda y me parece muy bien, aunque personalmente prefiero lo “con”: con lactosa, con gluten, con todo… porque entre otras razones no soy intolerante a ninguna de estos elementos que nos brinda la madre naturaleza en forma de Hidratos de Carbono (Lactosa: disacárido formado por Glucosa+Galactosa, Fructosa, conocida popularmente como “el azúcar de la fruta” y tambien en vegetales como la zanahoria, la remolacha o la berenjena ) o Proteínas (Gluten: Grupo proteico contenido en algunos cereales), ) y demás…

Lo curioso es que esta forma de vida inmersa en lo “sin” lo llevan personas que realmente no son intolerantes pero han oído decir por ahí que es “más sano”, que “no engorda” y otras historias que les autoconvencen de los beneficios de la dieta libre de todo y rica en nada.

Lo “sin” nació, gracias a Dios, para facilitar la vida y por ende, la alimentación a todas aquellas personas que realmente si son intolerantes por carecer de enzimas, o no tener las suficientes, que los metabolice en el organismo y faciliten su digestión.

Es curioso ver como personas con supuesta intolerancia al Gluten evitan el trigo y sus derivados pero se hartan de centeno y espelta o los “nuevos” kamut, triticale… más antiguos que la tos, que por cierto, tienen gluten, o como los “intolerantes a la lactosa” se toman helados sin azúcar añadido pero con leche en su elaboración, flan de huevo (y leche) con una florecita de nata en heladerías varias por nuestro maravilloso país y asi muchos ejemplos.

 

Realmente, vivir con estas intolerancias es difícil para todas aquellas personas que realmente las parecen:

Salir a comer fuera de casa supone todo un reto porque no saben realmente como están preparadas las cosas y los camareros no siempre conocen exactamente todos los ingredientes con los que están preparados los platos. La legislación establece que haya una carta de alérgenos, hay restaurantes que ha incluido los símbolos correspondientes en sus cartas y los hay que han editado una carta exclusiva de ellos, lo que facilita el acceso a esta información. Para el sector hostelero es una autentica responsabilidad. Para el cliente supone un alivio, pero no todos ofrecen una alternativa atractiva al plato  y acaban comiendo el típico pollo a la plancha con verdura o ensalada y ya no es igual. Siempre han de estar pendiente de lo que ingieren.

La compra se encarece muchísimo, no es evitar sólo un par de ingredientes o productos, son unos cuantos más y también es pasarte una hora y media, buscando las etiquetas y descartando o seleccionando productos que céntimos de más por aquí y por allá hacen temblar la cartera en la cola del super, sobre todo al principio cuando se les diagnostica, que van perdidos y agobiados en busca de su bienestar.

Está también el pánico a la recaída, a padecer otra vez… pueden comer de todo pero NO DEBEN ya que han de cuidar muy mucho su dieta porque de lo contrario, luego se enfrentan a las consecuencias de tener:

  1. Trastornos gastrointestinales: Distensión abdominal, gases, estreñimiento, diarrea, náuseas, dolor abdominal, reflujo, síndrome del colon irritable.
  2. Procesos dermatológicos: Acné, eczema, psoriasis, erupciones cutáneas, urticaria, picor.
  3. Trastornos neurológicos: Dolor de cabeza, migraña, mareo, vértigo, fatiga.

Les toca aplicar la política de PREVENCIÓN. Como dice Camilo Sesto “Vivir así es morir de Amor” porque no pueden comer tan tranquilos y panchos como lo haríamos tu y yo un bocata de pan-pan de Jamón y Queso con Aceite (siempre, ya lo sabéis, de Oliva Virgen Extra) en una terraza con una caña bien fría, por el pan unos y el queso otro. Cambio de planes: pan sin gluten y queso curado (en el proceso de curado se pierde la lactosa) y si no tiene pan sin gluten, te quedas con las ganas y pides otra cosa… esa es su vida.

Los hay que piensan que estas personas tienen “la tontería encima” y que buscan perder peso o llamar la atención… Desde que tienen los síntomas hasta su diagnóstico puede tardar mucho tiempo. Con lo años ya se desarrollan intolerancias, es frecuente que nuestros mayores desarrollen intolerancia a la lactosa, toda la vida tomando leche y ahora, les cae mal y toca tomar leche SIN lactosa. ¿tendrán la tontería encima? Creo que no…

Cuando se diagnostica una intolerancia, del tipo que sea no sólo se trastoca la vida de quien la padece, tambien del “cociner@ de la familia”. Normalmente es quien prepara la lista de la compra y va de “excursión” al super. Les toca hacer un Master sobre alimentos ricos y pobres en…, comparan ofertas entre supermercados para tratar de ahorrar unas perillas y que no suba tanto el gasto de la compra, menos mal que el cocinado no cambia, algo bueno les tenia que pasar…

Pongámonos en la piel de quien padece intolerancias, las alergias alimenticias ya las comentaremos otro día. A lo intolerantes, ¡Ánimo! y a los que abogan por una vida SIN, sin necesidad alguna, pensadlo bien.

Espero haberos abierto los ojos a como han de vivir estas personas algunos desde niños y otros ya metidos en la vida adulta, no es tan fácil como parece…

Bueno, os dejo pensando… si os ha gustado haz click en el LIKE o compártelo con tus amigos y en tus redes. Nos vemos pronto.

Cuiddiet

Nota: Las imágenes editadas proceden de Pixabay.com

 

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